El cultivo de frutos rojos: adiós a las enfermedades

La fresa, el arándano y la frambuesa se cultivan mayoritariamente en macrotúneles (bajo plástico) donde se crean muy a menudo condiciones de humedad y temperaturas que propician el desarrollo de enfermedades fúngicas. En el cultivo de frutos rojos podemos encontrar al oídio y a la podredumbre acechando a nuestras cosechas. ¿Pero cómo evitar que las mermen?

El oídio: cómo prevenir al rey del invierno

La Podosphaera aphanis, también conocida como oídio, es un parásito obligado, es decir, solo puede crecer y multiplicarse sobre organismos vivos. Sobrevive en forma de micelio y cleistotecio y pasa el invierno en hojas viejas o estolones, pero son realmente sus esporas las causantes del inicio y desarrollo de esta enfermedad, la cual puede llegar a ser muy severa y afectar hasta a un 30% de la plantación.

Ubicado en las partes aéreas de la planta, el oídio es capaz de reducir drásticamente la producción. Los síntomas aparecen sobre las hojas, con necrosis y defoliación. Mientras, en los frutos maduros, la presencia del micelio los hace inviables para su comercialización.

Existen variedades más sensibles que otras a sufrir oídio, aunque el componente nutricional también puede favorecer a su avance; como el exceso de nitrógeno, por ejemplo. El hongo necesita también de unas condiciones ambientales para su eclosión, como son una temperatura de entre 15 y 25ºC y humedades relativas altas. Por ello, es posible establecer una relación entre las condiciones climáticas y la concentración de conidios o esporas en el aire. Estas se liberarán sobre todo de día y su presencia en el ambiente será la principal forma de transmisión.

En la zona de Huelva, dichas condiciones son muy frecuentes a lo largo del ciclo del cultivo de los frutos rojos. Desde mediados de noviembre se pueden observar los primeros ataques, cuando se comienzan a colocar los plásticos en los macrotúneles. Incrementan, sin embargo, su intensidad en los meses de marzo, abril y mayo cuando se puede encontrar el oídio.

Cuando la incidencia es muy elevada, es difícil de controlar incluso con medios químicos. El modo de obtener un mejor control de la enfermedad y una mayor eficiencia en los tratamientos son tareas de saneamiento. Estas son clave para mantener una incidencia baja de oídio y se centran en varios aspectos:

  • Una correcta ventilación del macrotúnel y una correcta nutrición nitrogenada.
  • Material vegetativo sano, ya que las plantas pueden venir inoculadas desde el invernadero.
  • Eliminación de restos de podas afectados, puesto que son un foco de reinfestación.
  • Disminución de la densidad de plantación porque favorece la aireación entre las plantas.

Pero, aunque se realicen tareas de saneamiento, se trata de una de las enfermedades más difíciles de controlar y con mayor número de tratamientos requeridos. Podría decirse incluso que para su control se realiza un tratamiento mensual.

Lo ideal sería realizar una alternancia de materias activas para reducir o evitar el riesgo de generar resistencia a los tratamientos. Se pueden utilizar en alternancia OCB, teniendo siempre en cuenta su compatibilidad con los productos antioídio. Asimismo, se ha demostrado que las que actúan por contacto tienen una mayor eficacia en su control.

El moho gris en el cultivo de frutos rojos

La podredumbre gris o moho gris (Botrytis cinerea) es un hongo que ataca a todos los órganos aéreos de la planta, como son las hojas y los frutos. Puede hacerlo, además, en todos sus estados de crecimiento o desarrollo, aunque puede permanecer latente o asintomático hasta la senescencia. También es capaz de permanecer en el suelo.

Esta enfermedad afecta de manera importante al cultivo, hasta el punto afectar hasta al 50% de la producción. Íntimamente relacionada con las épocas de lluvia por su mayor incidencia con este clima, tiene como principales vías de transporte al agua y al viento. Por lo tanto, podríamos decir que los macrotúneles son el lugar ideal para su desarrollo.

La proliferación del moho gris varía desde los 5ºC hasta los 30ºC, aunque su punto óptimo son 20ºC con humedades relativas altas. En el campo, se ha observado que temperaturas mayores de 10ºC y lluvias o rocío durante 7 horas continuadas han sido condiciones para un caldo de cultivo devastador. Al igual que ocurre con el oídio, son muy importantes las prácticas culturales de saneamiento para prevenir su aparición. Entre ellas cabe mencionar las siguientes:

  • Una adecuada ventilación del macrotúnel. Se evitan así humedades relativas elevadas y se disminuye la condensación.
  • Evitar que la fruta se encuentre mojada.
  • Eliminación de frutos podridos y restos de órganos afectados, reduciendo así el riesgo de reinfestación.
  • Disminución de la densidad de plantas, con lo cual se favorece la aireación entre ellas.

La humedad o agua libre sobre los órganos de la planta favorecen la aparición y proliferación del hongo tanto con temperaturas bajas como suaves en el cultivo de los frutos rojos. Las mayores incidencias se generan en noviembre y febrero en la zona de Huelva. Aquí, esta es la enfermedad que mayor resistencia tiene a todas las materias activas antibotriticas del mercado.

Tratamiento con Araw

Para realizar un óptimo control de enfermedades o plagas es importante alternar y realizar un uso racional de materias activas, así se reduce el riesgo de aparición de resistencia. Esta práctica va en contra de las exigencias del mercado o comercializadoras, ya que limitan el número de materias activas a cinco para todo el ciclo del cultivo. Por tanto, es vital el uso alternado de productos a base de materias naturales, exentas de LMR u OCB.

En el catálogo de SIPCAM Iberia podemos encontrar el biofungicida Araw para el control de los hongos mencionados: un fitosanitario exento de LMR con certificado en agricultura ecológica. Es un producto formulado a base de unas sustancias naturales que encontramos en la naturaleza, los terpenos. Combina el timol, eugeniol y geraniol para conseguir un control más eficaz sobre los hongos.

Sin embargo, los terpenos tienen tres dificultades para su uso: volatilidad, fitotoxicidad y miscibilidad. Esos tres condicionantes se han solucionado con la microencapsulación del producto. De esta forma se consigue una mayor seguridad para los cultivos, con una liberación controlada en el tiempo y una perfecta disolución en el tanque de tratamiento. Para ello, se usan como microcápsulas las membranas celulares de la bacteria de levadura.

Con esta tecnología no solo conseguimos eliminar las dificultades de los terpenos para su aplicación. Además, Araw tiene una excelente compatibilidad con OCB. Se trata de un fungicida cuyo modo de acción es por contacto-penetrante, confiriendo una mayor eficacia ante el control de los hongos anteriormente mencionados.

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